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12 de julio de 2007

3. Un solo segundo

Decía que sus sueños tenían algo de profanos por lo alejados que se situaban de la idea de divinidad. Un solo segundo le bastó para saberse dependiente de aquel recuerdo, de aquella imagen, habiendo intentado apartarlo de su memoria a cada instante.


Curiosa como todas y valiente como pocas inclinó ligeramente la cabeza, buscándola. Se situó firme delante de la puerta y la abrió con un ligero empujón, esperando así que la estridente melodía cesara. No imaginaba como sería esbozar en el aire todo lo que en ese momento sentía, aquel miedo que evitaba que pudiera dar un paso sin titubear, que pudiera alzar la cabeza y buscar. No podía más que dejarse llevar por la voz y la música, por la curiosidad y la incertidumbre, por una inexplicable necesidad de hacerse daño.

Abrazó fuertemente a su peludo confidente e intentó adentrarse en la habitación sin recitar aquella oración. Una intensa bruma nublaba su mirada y bailaba jubilosa alrededor de su pelo; aturdiendola, seduciéndola. Sin estar muy segura de lo que hacía balanceaba sus pies uno tras otro, adentrándose en un paraiso dónde sus sentidos e ilusiones se entrelazaban. Una cegadora luz la golpeó, dificultando su respiración, sumergiendola en un sueño; de él bajó mecida hasta una nube, quedando de cara a la bañera. De repente un violento baño emergío de la oscuridad, dando forma a una pobre e indefensa figura deshecha en su suave lecho, inmóvil en un inerte marco de agua carmín.

El sólo reflejo de sus ojos delataba cuánto iba a suponer aquella pérdida, cuánto podía suponer el hecho de que una madre rompiera en un solo segundo cualquier indicio de futura confianza, voluntad o seguridad. Sin poder entrelazar dos caladas seguidas soltó inconsciente a su oso, volvió la cabeza y, sin darse cuenta de cuanto podía aquello suponer, se atrevió a leer lo que el vapor había dibujado en aquella pared:

"Sólo los locos entran dónde los ángeles temen asomarse. No estas sola"

4 de marzo de 2007

2. Como cada mañana


Aún cuando la ve andar por la calle piensa en lo agradable que hubiera sido abrazarla entonces, decirle que no tiene nada que perder... que no está sola; aún cuando la imagina tumbada en la cama desea acercase y susurrarle una canción para que ella cierre los ojos y vuele.
Todavía espera que las cosas sean como solían ser, como cuando cada mañana se despertaban cara a cara y esbozaban una leve sonrisa.

Acostumbraba... acostumbraba a desear que todo duraría, sabiendo como ya sabía que ella no iba a esperar a que un inepto le prometiera la Luna y algo más. Joder, aún cuando tenía claro lo que debía hacer pretendía ser ese gilipollas adulador que lo intuía todo sencillo.

Y según la miras a los ojos sabes que desde aquél día no es la misma, que si todavía no había tenido la oportunidad de soñar aquellos minutos no fueron justos.
Porque según te vas acercando ella parece como si te fuera a coger de la mano y a pedirte que no te vayas nunca.




6 de febrero de 2007

1. Réquiem

Permanecía dormida con la mano apoyada en la ventana, como siempre. Sujetaba firme a Dubo con la mano izquierda y exalaba aire con tal armonía que adormecía el ambiente.

Sin causa alguna se despertó en aquella blanca habitación donde no había nada colgando de las paredes, lo que la despistaba algo. La cama distaba bastante del suelo, creía recordar, y tenía miedo a bajar.
Un débil surruro se percibía en la otra habitación... allá, tras la puerta. A medida que iba recobrando su entera percepción podía oir una melodía difusa que pretendía conservar cierta calma en el ambiente. Confusa miraba a su alrededor sin conseguir reconocer nada de lo que la rodeaba, sólo ese exceso de luz.

La música se dejaba notar cada vez más y atraía a la jóven a cruzar la puerta.

Sin soltarle se atrevió a bajar de la cama, notando que ésta estaba entonces apoyada en el suelo, y salió de la habitación cruzando la puerta, que se abría a medida que ella anvanzaba. Tras recorrer el largo pasillo blanco se situó delante de una habitación ligeramente entreabierta, desde donde se filtraba aquella armonía, ese melódico sonido que debía estar cantado para dioses.

Curiosa como todas y valiente como pocas inclinó ligeramente la cabeza, buscandola...