Mostrando entradas con la etiqueta Tales from another son. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tales from another son. Mostrar todas las entradas

2 de septiembre de 2009

Catorce


Fruto de su desesperación ahogó sus penas en aquel rincón donde solían sentarse a verlas pasar. Y también fruto de esa arrogancia que marcaba su personalidad odió a cualquiera que gozara con su balbuceo.

Erguido, como solía imaginar, se mantuvo durante horas en la penumbra buscando aquella luna marrón que cada cien años lloraba por su soledad. Y si bien cien años eran muchos él siempre supo que nadar errante sería mucho peor que morir alentado por el miedo.


Saltó.

(Y todos sabemos como acabó)

23 de febrero de 2009

A hurtadillas


Tretas para hacer lo imposible, jugando a ser el único que pueda levantar la cabeza después de una cosa asi. Si en algún momento él hubiese siquiera intentado entender porqué, la mitad de las cosas nunca habrían (gracias) sucedido. Pero todo es asi, en un solo impulso tuvo que dedicir la forma más sabia de equivocarse, aún cuando sabía que cualquiera de las puertas que escogiera iba a dañar cuanto menos a la persona que mas le importaba.

Y al pasar los años y mirar atrás pudo ver el momento en que tiró la piedra y escondió la mano, murmurandole a su conciencia que la respuesta correcta estaba dentro de sus posibilidades.

Y qué razón tenia aquel duende cuando le dijo que no era nadie, nada.


(La mitad de lo esperado)

3 de marzo de 2008

Become a monster


¿Y ahora? Retuerce cada esquina de su diario, recordando cada una de las caras que pisoteó. Y desde el otro lado de la puerta no logras más que percibir el denso humo que desprende cada cigarrillo. Escuchas desde fuera como abre la mirilla y deja caer delicadamente su mano derecha sobre el marco. Te alejas. Miras hacia abajo y ves como sus pies hacen dos sombras inmóbiles al trasluz, finges arrodillarte para mirar mientras no dejas de observar, fijamente, la manivela. De repente tus mejillas se alborotan, tus rodillas tiemblan contra el suelo y el puto codo derecho no para de tambalearse, sientes como tus gotas de sudor chocan contra el suelo, sientes como tu corazón estalla a cada latido, como tu garganta murmura lamentos cuando intentas tragar. Pero no dejas de prestar atención a cada uno de sus movimientos. De un suspiro nace un destello desde un charco de agua que tienes a tus pies, lo miras fijamente y te ves reflejado en él; levantas la cabeza y te vuelves a mirar, asumiendo ser el monstruo en el que te has convertido.

(Lidiar con el destino,
miedo a afrontarlo.
Una cruz para cada alma,
un alma para cada cruz.)

4 de febrero de 2008

eRóTiCo...


Habiendo sabido lo dificil que era llegar a su puerta, dudaba imaginarse llorando a través de la ventana del baño. Digamos que hacía recordar a la más seductora dama que desayunó con diamantes, supongamos que solía salir rodeada con un velo carmín, inundada con el más puro erotismo profano. Un lujo inalcanzable, una frágil hada de cristal, tan solo la más bonita cara y una falda muy corta. Y si en sus ojos se reflejaba la tímida niña que solía ser, no podías si no sentir como sacudía tu alma con solo el destello de su pelo.

2 de noviembre de 2007

Primer escalón (Segunda Parte)


Bajaba las escaleras con lentitud, mirándo cada ocho segundos a su izquierda para verse reflejado en aquel inmenso espejo. Nunca había estado tan nervioso, creía recordar que nunca había respirado con tanta dificultad; pero claro, no era precisamente un tarde de invierno como otra cualquiera. Mientras simulaba rezar intentaba secar esa mezcla de lágrimas y sangre de su cara, pero su mano no paraba de temblar. Y no podía parar de llorar. Pese a la falta de luz sus ojos brillaban como luciérnagas, alumbrando a su paso el siguiente peldaño. Y el siguiente. De las delicadas muescas de las paredes surgían, tímidamente, débiles susurros de viento que le silbaban y atormentaban, moviendo sutilmente los pelos de su cara, apartándolos de sus ojos. Pedazos de su desarraigada infancia nacían como destellos en su mente, recuerdos incompletos que se negaba siquiera a mencionar, momentos que por siempre gozarán destrozando sus ilusiones. El más profundo de los silencios le acompañaba, acompasaba cada uno de sus pasos. Un oscuro remordimiento le ayudaba a seguir bajando pálido e inerte como una hoja que cae antes de tiempo en otoño, cobarde como nunca antes había sido. Y sin atreverse a mirar hacia arriba encaró su último paso casi sin fuerzas, sujetó su propio cuerpo con ambas manos apoyadas en la pared y bajó el primer escalón de una escalera que nadie volvería a subir.