¡Bang!
¡¿Le has dado?!




Y vuelves a mirar a través de la ventana, alejado de sueños y magia, alejado de hábitos y burdas presunciones. Juzgas cada detalle de tu amargo día, tratando de no lidiar con la desesperación otros veinte minutos más. Frotando cada recuerdo contra la pared, jugando a olvidar la forma correcta de hacer feliz a alguien. Jugando a ser uno mismo.
Puedes, si quieres, prometerle a tu conciencia que intentarás aguantar toda una noche sin mirarla; pero tú quieres morderle el cuello, saborear su pelo. Y sin duda esperas una respuesta agradable, alguna reacción alentadora que te haga imaginarte a su lado. Joder, abre los ojos, todo eso queda más allá de tu iniciativa.
- Ahora dime que todo está en la mente, si es que llegas a creer que existe la mente como tal. Para tí todo es una simple reacción química, que hasta algo tan primitivo como el amor es sólo un cúmulo de situac¡ones, circunstancias y confusiones.









Sería curioso destacar que todo lo que en principio me lleva a escribir ésto no es mencionado, que si bien aludo a ello confío se entiendan dichas premisas. E inconformista acecho el reflejo de esa burda imagen, sin darme cuenta de que la historia de un iluso se escribe en partes sucesivas.
Basta con sincronizar lo que escribes con una buena canción, algo que disimule lo que en realidad quieres decir pero que no defraude, eso nunca. Y el caso es que confío en que ésto quede aqui, entre nosotros, porque puestos a pensar y pensar se necesita ser demasiado crédulo para confudir esta mierda con otra mierda mejor (yo el primero). 
